Mi querida Eleanor, los disturbios están en tu propio cerebro. Aquí no hay más que una confusión horrorosa. Miss Morland se refería sencillamente a una publicación nueva que está en vísperas de salir a la luz y que consta de tres tomos de doscientas setenta y seis páginas cada uno, cuya cubierta adornará un dibujo representando dos tumbas y una linterna. ¿Comprendes ahora? En cuanto a usted, Miss Morland, mi ingenua hermana no ha entendido la clara explicación que usted hizo. Usted habló de los horrores que le esperaban en Londres, y en vez de concebir, como una criatura racional habría hecho, que esas palabras sólo podían relacionarse con una biblioteca, de inmediato imaginó una turba de tres mil hombres reuniéndose en St. George’s Fields, el Banco asaltado, la Torre amenazada; un destacamento de los Dragones (esperanza y apoyo de nuestra nación), llamado con urgencia, y el valiente capitán Frederick Tilney a la cabeza de sus hombres. Ve también que en el momento del ataque dicho oficial cae de su caballo malherido por un ladrillo que le han arrojado desde un balcón. Perdónela; los temores que engendró su cariño de hermana aumentaron su debilidad natural, pues le aseguro que no suele mostrarse tan tonta como ahora.

NORT Cap. XIV

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V.O.

My dear Eleanor, the riot is only in your own brain. The confusion there is scandalous. Miss Morland has been talking of nothing more dreadful than a new publication which is shortly to come out, in three duodecimo volumes, two hundred and seventy-six pages in each, with a frontispiece to the first, of two tombstones and a lantern—do you understand? And you, Miss Morland—my stupid sister has mistaken all your clearest expressions. You talked of expected horrors in London—and instead of instantly conceiving, as any rational creature would have done, that such words could relate only to a circulating library, she immediately pictured to herself a mob of three thousand men assembling in St. George's Fields, the Bank attacked, the Tower threatened, the streets of London flowing with blood, a detachment of the Twelfth Light Dragoons (the hopes of the nation) called up from Northampton to quell the insurgents, and the gallant Captain Frederick Tilney, in the moment of charging at the head of his troop, knocked off his horse by a brickbat from an upper window.